Papua nueva guinea a través del Sepik

Tomamos el avión en Honiara capital de las Islas Salomón, era 26 de Octubre es el cumpleaños de Noli, aterrizamos en Port Moresby capital tan temida de Papua debido  a la inseguridad y alto índice de criminalidad. (Ciudad más peligrosa del mundo según la revista The Economist )

Allí solo estuvimos para hacer escala nunca me han gustado las ciudades así que decidimos pasar de largo, allí la compañía Air Niugini nos llevaba a Wewak  ciudad a la cual no llegan las carreteras desde la capital, es un hecho generalizado en todo el país la red de  carreteras es casi nulo.

En Wewak nos esperaba Sebi un guía que habíamos encontrado en un foro de viaje, la verdad nunca habíamos planificado un viaje antes de llegar al país, pero debido a la poca información que encontramos y al poco tiempo que íbamos a destinar al país y a la complejidad de hacer  cualquier cosa este país ésta era la mejor opción.

Sebi era un individuo alto con mirada sonriente y predispuesto a todo, él nos acompañó  al hotel donde pasamos la primera noche en cuanto dejamos las maletas en la habitación nos desplegó sobre la cama un papel sobre el presupuesto de nuestro viaje, era un presupuesto caro y después de ir sacando cosas como transporte con autobús de línea, comida mínima llegamos a un acuerdo con un papel completamente tachado de tinta, llegar a este país y comprobar como el nivel de nerviosismo y estrés es exagerado con el turismo ya que el número de visitantes es uno de los más bajos del mundo.

 

Segundo día en Papua: tal como nos levantamos teníamos a Sebi y su regimiento en la puerta de la habitación, estabas ansiosos por ser protagonistas de nuestra aventura,

Hoy tocaba materializar todos los elementos que llevaba en su guión lleno de tachaduras y todo tenía que salir a la perfección, si la noche anterior habíamos percibido un estado angustioso esa mañana el nivel era muy superior.

 

Para sacar dinero de un cajero nos escoltaron y dentro había un vigilante provisto de un arma automática, ya una vez con Kunas en mano, que es la moneda oficial del país nos dirigimos hacia el economato para comprar los víveres del viaje, este era una tienda donde habían productos limitados: arroz, aceite de palma, galletas caducadas, diversas frutas y productos enlatados.

Pues con una aproximación compramos un poco de todo lo que pudimos encontrar, con el dinero listo, con los víveres y las mochilas esperamos en la calle, donde siempre teníamos algún colega de Sebi en nuestra espalda, pudimos contemplar como nuestros acompañantes se discutían fuera sin saber el motivo supuestamente era organizar un viaje por tierra hasta Angoram punto de inflexión con el rio Sepik y donde la carretera se acababa, después de esperar unas tres horas nos montamos en el transporte colectivo que era un camión con una caja trasera llamados popularmente PMV, nuestra final de ruta estaba a unos 160 quilómetros pero el camión demoro unas cinco horas en hacer todo el trayecto, una vez en Angoram ya de noche nos acercamos a  una especie dce refugio embarcadero  junto al rio que era donde partiríamos el día siguiente, después del viaje pesado por carretera nos apareció un paseo por la localidad pero tal como nos vieron alejarnos fuimos interceptados por uno de los compañeros que junto a Sebi nos habían acompañado, el mensaje fue rotundo: no safe, esta era la palabra que más habíamos oído desde nuestra permanencia en Papua, Port Moresby no safe, Wewak no safe y ahora perdidos en unos de los enclaves de acceso del rio Sepik: Angoram también era no safe, nos habían advertido de las armas de la capital, de los asaltos en las carreteras por los ..pero ahora estábamos lejos de las urbes desestructuradas y de las rutas de delincuentes pero el mensaje fue rotundo, después de intentar discutir por qué desafiamos aquel mensaje y aquel hombre pegado a nuestra espalda nos volvió a comentar que en esa dirección había peligro, y entonces podemos seguir en otra dirección donde también había peligro, al final decidimos volver a la casa donde estaba Sebi con el otro acompañantes indignados, asustados y a la vez falta de privacidad ya en ningún momento podíamos estar solos debido al pánico que existía por todas partes, quizá nos deberíamos haber leído alguna guía , mirado alguna crónica ministerio de Asuntos Exteriores o haber ojeado la tan alarmante página del antes de hacer esta viaje pero las únicas referencias era de una chica española que habia venido aquí y hizo un viaje a través del rio Sepik con Sebi nuestro actual guía que habíamos contactado mediante correo electrónico.
Esto era solo el comienzo de este país hundido en la inseguridad ciudadana y pánico social constante, se nos había acabado las excursiones nocturnas y la intimidad, sin llegar a hablar de este tema nos fuimos todos a dormir sobre el suelo de madera de la casa, solo amanecer nuestros aliados de sueño Papúes estaban fuera conversando en Pidgin( Papúa tiene más de 800 lenguas, el Pidgin es un Inglés que suena  a callejero y que se escribe tal como se pronuncia);  a la vez que conversaban mascaban la nuez de betel, costumbre cultural que ya apreciamos en las islas Solomon que produce un colorante de color rojizo que es escupido constantemente a la vez que produce un efecto alucinógeno muy suave que produce estados de excitación, falta de apetito y sueño como efectos de pro actividad muscular.

Tercer día en Papúa: bidones de gasolina, sacos de arroz y las mochilas aquí ya no había carreteras y el único transporte es por agua, el destino era Kamanimbit , pueblo donde  nació Sebi y donde vivía la mayoría de su familia, unas seis horas en canoa nos esperaban hasta llegar a este poblado, los poblados que pudimos ver desde la canoa no constaban en ningún mapa topo grafiado, eran pequeñas aldeas en las que cada una tenían su idioma propio y todas las generaciones se habían mantenido fieles a su territorio.20143_1247905530782_986967_n

La aldea de Sebi era igual: un idioma propio y algunas personas podían pronunciar algunas palabras en Pidgin, Sebi  tenía más inquietud y emigró a la ciudad en busca de trabajo por la tanto el nivel de conocimiento de inglés era importante.

Una vez desembarcados vino toda la población a recibirnos, nos enseñaron donde nos íbamos a alojar en este tiempo, era un casa desprovista de techo ni puertas en la que había una especie de mamparas construidas por madera de palmera ,  de  satisfacer  nuestra intimidad  y Sepik, estos temas culturales son los que más cuestan de adaptar a una sociedad como la nuestra en el que todo el mundo puede esconder su intimidad tras una puerta o pared, la primera noche no fuimos capaces de dormir todos los niños, adultos y ancianos hicieron de nuestra posada una atracción.20143_1236546806821_7978927_n

Delante de nuestros sacos de dormir improvisaron una cocina de leña para nuestras comidas,

Cuarto día en Papúa :al día siguiente durante el almuerzo acudieron todos los niños de la aldea para contemplar como masticábamos la comida pronto comprendimos que la comida que traíamos era para todos, así fueron todas las comidas primero insistían que comiéramos nosotros y luego todos los niños, la sensación era que debíamos rebajar la ingesta diaria para poder ofrecer a todos ya que, todos los movimientos mandibulares durante la masticación eran observados por los ojos de todos los niños.

Esta aldea fue la base de exploración de muchos rincones del Sepik donde pudimos admirar sus costumbres tribales como la circuncisión de la madurez de niño a adulto donde se tatúan con elementos cortantes gran parte de su cuerpo durante un tiempo que permanecen aislados del resto.

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También pudimos percibir que la alimentación de esta zona era producida de forma autónoma sin ningún tipo de internamiento de productos de las ciudades ya que la gente subsistía de la pesca de río, agricultura y la laboriosa masa obtenida a partir de una palmera local que se trataba con agua hasta convertirse en sólida como una masa de harina y de un sabor áspero y amargo, nuestros víveres fueron para muchos niños una novedad ya que arroz, galletas, maíz y verduras que llevábamos no los habían probado jamás, mencionar la dificultad de comer el pescado de la zona ya que era un pez con muchas espinas y poca carne.

En cada aldea que nos paramos su correspondiente jefe territorial nos venía a saludar y escoltar en todo momento, aquí la jerarquía es básica en cada poblado, esta es basa en la edad y sexo así los más pequeños siempre son los que realizan el trabajo duro de cazar, pescar, trabajar el campo y cuidar del resto de hermanos más pequeños.

Cada día que estábamos aquí percatábamos las diferencias entre nuestra cultura y esta, en muchas ocasiones el comportamiento de Sebi con respecto a otros pueblos nos pareció arrogante y despreciable, llegando a insultar a algún niño y golpear como medida de imponer clase social  ya que habitaba en la ciudad, tenía acceso a internet y tenía un nivel adecuado de inglés, este comportamiento nos chocó ya que el papel que mostraba constantemente con nosotros era completamente lo contrario supongo por la cantidad de kunas que desembolsamos para esta aventura.

Quinto día en Papúa: este día nos íbamos a pasar dos noches de ruta visitando diferentes aldeas hasta llegar a la zona que el Sepik se transforma en lagos, como curiosidad que en las aldeas más lejanas la gente parecía más tribal, muchos niños se asustaban y lloraban al vernos ( según sus creencias la gente blanca es la reencarnación de las personas que han fallecido) por lo tanto como fantasmas, otros se tapaban sus partes avergonzados de estar así delante de nosotros.

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También nos llevamos la comida para estos día, básicamente arroz, maíz, las últimas provisiones de agua potable, decir que en la aldea de Sebi comíamos lo mínimo para poder compartir, en mi caso mi estancia de diez días en el Sepik que quedé en mi mínimo peso, pero en el caso de las aldeas que hicimos noche Sebi esquivaba la gente con desprecio ya que no tenía ningún interés por ella, nosotros empezamos a sentir lástima ya que el trato de la gente siempre era excepcional incluso te ofrecían los alimentos que tenían , la primera noche dormimos en una casa el espacio con unas diez  personas, por la noche unas cuantas ratas nos invadieron para romper los paquetes de noodles y galletas que llevábamos, la verdad que nos las comimos igual en los días siguientes.

Cada aldea que visitamos era como un desfile de gente que nos seguía y preguntaba, podíamos apreciar cada tambarán(es el edificio que se muestra en casd aldea de las comunidades del Sepik  yque simboliza

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Séptimo día en Papúa:

Ya nos tocaba volver a nuestra aldea base y Sebi ya estaba un poco saturado de hacer un papel ficticio con nosotros, para nosotros todo el mundo era igual sin distinción social o cultural pero este criterio aquí es inexistente para el su clase social y su sexo predominaba sobre el resto, así que a estas alturas cualquier decisión o  comunicación con él pasaban de hombre a hombre dejando a Noli en un segundo plano; Cuando llegamos a la aldea de Sebi todos nos recibieron con mucha ilusión y como si hubiera pasado una eternidad.

como cada noche cenamos compartiendo la comida con los niños y algunos adultos, el agua que llevábamos se había agotado y nos ofrecieron agua de lluvia, ellos la bebían directamente del turbio barroso río, también destacar que en algunas aldeas no existían lavabos pero en esta con la previsión de construir nuestra casa temporal sin techo en algo más confortable y que llegaran turistas en un futuro se construyó una cabaña con un gran agujero que servía de retrete para todo el que pasara por allí.

Octavo día en Papúa:

Día de descanso en el que aprovechamos para bañarnos en el río con la gente local, navegar con las canoas a remo, ver como obtienen la harina de palmera, un proceso laborioso que obtienen una especie de serrín del interior de la corteza de la palmera y con un sistema de riego con agua y secado al sol se solidifica obteniendo una masa harinosa, vimos la granja de cocodrilos que utilizaban para comer y sacar su piel y que casi cada casa tienen como si fueran gallinas.

Sebi también aprovecho para desconectar de nosotros y alcoholizarse con alcohol puro junto a sus colegas mientras miraban sorprendidos nuestra actividad, una cosa prima sobre todo aquí en Papúa el adulto varón  descansa la mayor parte del día en sobre cualquier superficie, el desgaste principal de tareas recae en la en época juvenil.

Noveno día en Papua:

Mosquitos, calor extrema, falta de sales en el agua que bebemos par los occidentales cualquier movimiento es un esfuerzo, hay que tomar precauciones con el tema de la malaria en esta zona el riesgo es alto. Mis chancletas han llegado a su fin y se me han roto solo dispongo de unas bambas que hemos traído para este viaje ya que después de Papua volveremos a Australia y haremos un trekking por Tasmania, así que toca ir descalzo como los locales siempre si mis permanentes grietas me lo permiten pero realmente es más cómodo y práctico andar descalzo por los suelos arcillosos de esta zona. Es el último día aquí y nos ofrecen acompañarles en una salida nocturna a la caza de cocodrilos, como novedad les acompañamos y decir que con la ayuda de una linterna se podían apreciar todos los ojos en cualquier rincón del rio en el que estos días nos habíamos bañado, esto cumple que los mitos de cocodrilos que tanto habíamos percibido en Australia no es completamente real, ya que la actividad de estos animales es crepuscular y temen completamente a los humanos, durante la salida nocturna vimos como muchos se asustaban y marchaban al oír el ruido del motor de la canoa, la única herramienta que disponían para la captura de un cocodrilo es una especie de arpón con una pequeña punta, después una búsqueda sin saber lo querían encontrar percatamos que señalaron hacía un lugar donde había un ejemplar de dimensiones considerables, al acercarse la canoa el animal no se movió pero al intentar clavar el arpón aquel cocodrilo se empezó a defender moviendo la canoa de un lado a otro, parecía que el estado de los cazadores era completamente tranquilo no el nuestro ya que aquel trozo de corteza flotante zarandeaba de lado a lado y el río estaba inmerso de animales extraños sin la luz del día, en este momento parecía una lucha de un hombre con una criatura enorme dispuesta a destrozar todo lo que se pusiera en su encuentro, entre zarandeos y gritos notamos como la persona que tenía el control del motor hacía marcha atrás con toda velocidad y marchábamos de la zona , es este estado de incertidumbre pudimos apreciar como aquel animal había partido el arpón en dos como si de un trozo de pan se tratara, al volver nos comentaron que en el estado que se encontraba el animal y sin ninguna arma disponible hemos mejor volver.

Cuando regresamos ya no queríamos ver más y nos fuimos a dormir.

Decimo día en Papúa: hoy era el último día que estábamos en el Sepik y teníamos que recoger y  hacer todas las mochilas, la sorpresa de hoy era que nadie nos esperaba para desayunar, nadie nos había venido a visitar, al contrario de otros días que siempre alguien lo encontrábamos esperando, y que no quedaba nada de comida ni bebida, al bajar por las escaleras nos encontramos un Sebi resacoso sin apenas dormir y le preguntamos sobre el  y no quisó hacer mención ninguna, al caminar por el pueblo nos encontramos a su hermano el cual nos dijo que la noche anterior habían vuelto al lugar del encuentro con el cocodrilo para intentar capturarlo, no entendimos nada más. Que luego hicieron una fiesta con alcohol que habían traído y para su mezcla habían utilizado nuestra agua, nos sentimos un poco impotentes pero pensando que ya volvíamos a la civilización para poder tener cualquier cosa que puedas comprar.

Antes de embarcar en la canoa oímos como Sebi se discutía en su idioma con su familia sin saber los motivos solo notamos que la gente del pueblo no había venido a despedirse a excepción de una decena, así que rumbo a Angoram nos esperaban seis horas de calor, sin comida ni agua con nuestro guía que la noche anterior alcoholizado había tenido una discusión que nunca más sabríamos, esto nos dejo un gusto amargo de la sensación dulce que nos había dejado la gente del Sepik, la persona predispuesta y encantadore ahora se había convertido en un ogro que volvía a la ciudad en busca de dinero y materialismo, pero dejaba una familia avergonzada y a nosotros sin entender muchas de las cosas que habían pasado:como el porqué de la desaparición de nuestros víveres, una vez en tierra compramos un piña para poder saciarnos de la sed que acumulábamos, una vez en el pueblo el transporte PMV no tardó en llegar, de aquí hasta Wewak nos faltaban unas cinco horas más que hacían que llegáramos de noche, una vez en Wewak Sebi nos intentó sacar más dinero del que le habíamos dado el primer día argumentando que habían cosas que eran a parte que no entraban, y como un trato es un trato en todo el mundo cogimos nuestras mochilas y desaparecimos sin mediar conversación, está la cara amarga de una persona que aparentaba un comportamiento y escondía otro completamente distinto, al llegar al hotel notamos como si nos liberáramos y nos encontráramos otra vez con nuestra intimidad, de haber pasado unos días emocionantes pero a la vez tensos pero así es Papúa, cuando llegamos al hotel detrás cerraban las puertas bajo candados, rejas y personal de seguridad armados, ya no había vuelta atrás salir a la calle en plena oscuridad aquí estaba vetado para los turistas, así que aprovechamos para comer algo caliente y descansar, al día siguiente volábamos a Madang, allí sin guías, solos, como siempre decidiendo nuestro viaje.

El resto de días lo dedicamos para conocer la zona de Madang, las islas cercanas de Bagabag donde nos cruzamos al primer turista, un Inglés viajando en solitario con el que compartimos varios días, después de Madang vuelta a Port Moresby y de allí a Sidney, todo un choque cultural y paisagístico.

El final de todo el viaje de Papúa fue una infección provocada por un alto índice de estreptococos en la piel que acabo un mes y medio más tarde con Noli ingresada por infección en un hospital.

 

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